La “primavera árabe” se ha convertido en la mejor excusa para convertir la vida de millones de personas en un infierno mayor al que ya vivían hasta hace un año.
En Siria, por ejemplo, hace meses que las protestas en la calle se extendieron por todo el país: protestas que denunciaban a su gobierno por la represión y el desarrollo de políticas que perjudican gravemente al pueblo. Hasta ahí, todo es lamentablemente “normal”. Hasta ahí, un pueblo organizándose contra la dictadura de Assad para lograr la paz con justicia y democracia. Hasta ahí, un pueblo al que hay que seguir apoyando. Hasta ahí, de ahora en adelante, ése es el lugar del pueblo y esa gente es nuestra gente, nuestros semejantes, nuestras hermanas: nosotros y nosotras mismas en otro lugar; víctimas de lo mismo, pero en muy diferente grado y forma.
En Siria, por ejemplo, hace meses que las protestas en la calle se extendieron por todo el país: protestas que denunciaban a su gobierno por la represión y el desarrollo de políticas que perjudican gravemente al pueblo. Hasta ahí, todo es lamentablemente “normal”. Hasta ahí, un pueblo organizándose contra la dictadura de Assad para lograr la paz con justicia y democracia. Hasta ahí, un pueblo al que hay que seguir apoyando. Hasta ahí, de ahora en adelante, ése es el lugar del pueblo y esa gente es nuestra gente, nuestros semejantes, nuestras hermanas: nosotros y nosotras mismas en otro lugar; víctimas de lo mismo, pero en muy diferente grado y forma.